El hombre que sembraba por las noches

Había llegado el agua al rio Ica y todos se encontraban regando sus chacras. José, el quinto de 12 hermanos tenía un plan para salir de la  pobreza.

Paisaje donde vivía José
Paisaje donde vivía José, Casa Blanca de San José de Molinos – Ica Perú

Vivía en Casa Blanca en una casa modesta. Pasaba sus días trabajando de peón y en la  poca Chacra que tenían sus padres. Salió muy temprano en su burrito y visitó unas 10 casas. Al regreso venía contento silvando; había conseguido lo que quería, 10 hectáreas de tierras para sembrar pallares.

El ruido del agua de la sierra que corría por el río era música para los oídos de José. Mayormente el agua se quedaba en Tiraxi, pero por lo visto este era un buen año, así que José no lo iba a desperdiciar, en ICA se tenía la costumbre de machacar bien las tierras y con solo eso salían las cosechas. Cogió una lampa y se dirigió a la toma el Limón, su papá asombrado por el atrevimiento de José ya que solo tenía 19 años y “se estaba metiendo en una camisa de 8 mangas”.

Los jóvenes de su edad mayormente jugaban pelota y ayudaban a sus padres; José en cambio tenía una madurez y una determinación acérrima para lograr algo. Durante los 15 días que duró el agua, se dedicó a regar las 10 hectáreas, amanecía y anochecía en la Chacra.

Luego de dejar orear el machaco, contrató a un tractorista para arar todo. Su padre, al verlo tan decidido en su trabajo, llamó a José para prestarle dinero para pagar al tractorista y a los peones de  siembra. En cambio, el trato con los dueños de las chacras eran diferentes, aquellos le dijeron a José que si lograba sembrar y cosechar pallares, solo le entregue un saco de pallares en forma de pago.

En sí, nadie creía que José lograse sembrar  todas esas chacras por lo joven que era. En 2 días sería luna cuarto creciente y en un solo día debía sembrar todo.

El hombre que sembraba por las noches
El hombre que sembraba por las noches

Empezó a buscar gente para  sembrar, pero todos estaban ocupados en sus chacras así que fue en busca de sus tios. Sus tios le ayudarían en conjunto con sus hermanos y su padre, pero sólo hasta el medio día y con la condición de que sería un tornapeón, José debía devolver las horas de trabajo trabajando en sus chacras de cada uno de ellos. Llegó el día esperado, 5 de la mañana todos con su mate de  semillas y lampa en mano, empezaron la siembra. Eran 10 los sembradores en total, muy buenos todos.

 A las 12 del medio día todos agotados pararon la siembra para ir almorzar, luego se irían todos.

José solo y preocupado y  con 2 hectáreas aún por sembrar, continuó sin parar. Al llegar la noche había acabado una hectárea y le faltaba una más. Se fue a su casa a cenar pensando que la luna se pasaría y esa hectárea no produciría igual que las otras;  José aprendió de su padre, sembrar guiándose de la luna. 

Estaba cenando pensativo y de pronto se queda mirando fijamente al viejo petromás que estaba al rincón de su casa, saltó de alegría y se dispuso a prepararla para encenderla. Compró combustible y llenó el tanque, y luego de varios intentos logró encender el viejo petromás.

Cogió su sembradora, lampa y semillas y se dirigió a la Chacra para continuar con la siembra. Los vecinos asombrados se acercaban para ver qué pasaba ahí, era José que a cada cierto avance trasladaba el petromas para poder iluminarse y así continuar con la siembra de pallares.

Nunca antes se había visto a un hombre tan esmerado y apasionado en culminar una siembra. Al día siguiente todo el pueblo hablaba de José y de su esfuerzo por terminar de sembrar la Chacra. Pasaron los meses y los primeros pallares empezaron a engordar, José empezó con las primeras cosechas y a venderlas en San José de los Molinos.

Conforme pasaban los días aumentaba la cosecha y tuvo que llevar los pallares al Mercado Mayorista de ICA. José, tuvo una súper cosecha y muy generoso entregó una parte de las ganancias a los dueños de las chacras más un saco de pallares, y el resto del dinero ganado lo usó para estudiar en la universidad San Luis Gonzaga.

Los dueños felices por la generosidad de José le propusieron darle sus chacras un año más José está vivo aún, y cada vez que reúnen con sus vecinos lo recuerdan como el hombre que sembraba por las noches.

Digno ejemplo de esfuerzo, lucha y superación. Aprovechó la oportunidad para crecer y salir de su zona de confort.(Historia inspirado en Simón Chumpitaz)

Leyenda del Pallar Iqueño

Era un extraño señor vestido de blanco. Su lastimero rostro, reflejaba amarga tristeza. No se sabe de dónde vino el cálido valle iqueño.

Se llamaba Yan Pallek, el dios del pallar con influencia desde los moches, y lo representaba un hombre blanco.

Leyenda del Pallar Iqueño
Leyenda del Pallar Iqueño – Señor Pallar.

Los campesinos aseguran que este extravagante varón fue el pallar, excelente cereal que a través de centurias es el providencial salvador de millares de seres que muchas veces mueren por inanición.

Este misterioso personaje, después de recorrer muchas regiones, encontró una morada digna donde pudo vivir dichoso. En poco tiempo se hizo estimar en toda la comarca por su virtuoso proceder, llegando rápidamente a multiplicarse, entonces los campos se convirtieron en verdaderos graneros donde abundaba el preciado pallar pero, con el correr del tiempo, este vigoroso alimento de las clases populares fue olvidado, siendo el garbanzo y el maíz, los cereales preferidos por la gente; debido a esta ingratitud y desprecio, el candoroso señor de blanco, decidió abandonar para siempre está su tierra querida, tierra que le dio el calor y el néctar en su existencia.

Llorando a mares se fue con su morral a cuestas, por yermas llanuras, sin esperanza alguna de volver. Ya la tarde languidecía, el sol proyectaba sus débiles rayos por el horizonte, mientras el desdichado hombre de blanco al recorrer por una ladera del encantado Saraja, logra escuchar una vozarrona voz que le decía:

“no te vayas benevolente señor, quédate con nosotros, ¿Por qué te alejas de este valle sin motivo? Respondió el desventurado varón: ” Yan Pallek “no te vayas benevolente señor, quédate con nosotros, ¿Por qué te alejas de este valle sin motivo? Respondió el desventurado varón: ”

Me voy decepcionado, nunca pensé que los terrenos me iban a olvidar y arrojar de estos lares; ahora que tienen en abundancia otras menestras, me desprecian y son ingratos conmigo”. Insistió en su demanda el enigmático hombre de bronce voz: Por piedad, escúchame un instante, soy el dios de los campos, mi morada está en este imponente cerro, en estos momentos iré por todas las comarcas a fin de que mis súbditos rectifiquen el gran error cometido; les diré que te respeten y consideren como antaño, comprometiéndome bajo juramento cumplir con mi promesa.

Después de pronunciar esas breves frases, descendió de su mansión, abrazó llorando de emoción el desilusionado hombre que se iba y, tomados de la mano recorrieron los ardientes médanos donde sus antiguos amigos los recibieron apoteósicamente.

Es así como retornó el señor de blanco, el de blanca vestidura a sus lares queridos. En la actualidad, el pallar es el plato preferido del pueblo iqueño, el sabroso cereal que no falta en todos los hogares sin ser menospreciados.

El pallar: Un alimento mágico con un pasado místico

Esta Leyenda del Pallar Iqueño es la que se suele contar para explicar la aparición del pallar (Phaseolus lunatus).

Manjar de los Dioses, Leyenda del Pallar Iqueño.
Pallar Iqueño Manjar de los Dioses.

Cuento Orovilca

Es un cuento mágico, escrito por Arguedas, en base a las vivencias de su época de colegial en Ica. Este cuento lleva el nombre de una extinguida laguna cercana a la Huega, que el autor conoció en su adolescencia, poniéndole el tono de narrador autobiográfico y dejando escritas parte de sus vivencias en la costa peruana.

OROVILCA 🌴

Cuento Orovilca por José María Arguedas

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

Resumen del cuento orovilca es el siguiente,Orovilca es una ciudad situada en el valle de Ica, rodeado por sus hermosos animales, así como Chaucato, Chihuillu, guardacaballos, y los zorzales , visitado por los campesinos todos los días, quienes orgullosos trabajan acompañados por sus silbidos de estos hermosos pajarillos.

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ABRAHAM VALDELOMAR

Abharam Valdelomar de Ica

Apenas vivió 31 años, pero en su corta vida conoció la fama y fue admirado como un auténtico valor de las letras peruanas. Abraham Valdelomar nació en Ica el 27 de abril de 1888.

Como narrador introdujo los elementos del modernismo concibiendo la creación literaria como un arte y como la expresión de un mensaje.

Valdelomar tuvo preferencia por el cuento y la novela, pero no limitó su producción literaria a este género. Escribió para el teatro y fue ensayista depurado, estricto, bien informado y metódico.

Muy pequeño fue llevado a Pisco y allí transcurrió su infancia. Los años en el puerto marcaron una huella indeleble en la personalidad de Valdelomar y en su obra literaria aparece siempre la evocación pueblerina, las remembranzas hogareñas, el paisaje del puerto.

Se sintió atraído por lo incásico y describió con admirable maestría los usos y costumbres de la vida cotidiana en el antiguo Perú. Su cuento «Camino hacia el sol» nos ofrece un cuadro brillante, cargado de imágenes del Tahuantinsuyo.

Ingresó en el periodismo, no como redactor sino como dibujante, trabajando en Aplausos y Silbidos, GilBlas, Ilustración Peruana, Actualidades y otras publicaciones. En 1910 aparecen sus primeras cró-nicas. La municipalidad de Lima premia su obra Con la argelina al viento y se publican sus primeros cuentos: «La ciudad de los tísicos» y «La ciudad muerta».

Abraham Valdelomar

Firma con el seudónimo de «Conde de Lemos» y colabora activamente en La Prensa y otras publicaciones. Una de sus mejores obras, «El caballero Carmelo» gana el concurso

organizado por La Nación en 1913. Publica su primer libro La Maríscala, drama histórico en un prólogo y seis jornadas.

Sus trabajos siguen ocupando lugar destacado en las páginas literarias de diarios y revistas: «Yerba santa», «Diálogos máximos», «Belmonte el trágico», «Los amores de Pizarro», «Verdolaga», dan muestras de su talento.

En 1919 acude al Congreso Regional de Ayacucho como diputado por Ica. En la plenitud de su vida y cuando mucho se esperaba de su talento, muere trágicamente el 2 de noviembre en esa ciudad.